martes, 17 de julio de 2007

Las hormigas

I.
Hay hormigas rojas gordas y hormigas negras aplastaditas. Hay hormigas con alas y hormigas sin alas. Hay grandes y chiquitas y de muchos diferentes tipos. Están en la tierra, en las banquetas, en los árboles o en el pasto, en las hojitas y en las flores y a veces, están en las casas. Casi siempre en los jardines pero a veces en las casas; y a mi mamá no le gusta que haya hormigas en la casa y menos en la cocina porque ella ahí parte la fruta y cuando hay fruta hay más hormigas que nunca. A las hormigas les gusta la sandía pero el mango más.

Una vez a mi me picó una hormiga en un pie. Esto me pasó porque pisé un hormiguero sin querer y todas las hormigas se pusieron a correr muy rápido para todos lados y chocaban entre ellas y a mí sí me dolía el pie, pero más me gustaba verlas correr cuando trataban de construir otra vez la entrada que también es salida del hormiguero que es la casa de las hormigas. Y unas se metían y otras salían porque querían jugar otra vez conmigo pero ya sin picarme en el pie ni en ningún otro lado. Después de que la hormiga me picó, se me hizo una bolita roja en el pie, pero después de que se me olvidó, se me quitó.

Sólo una vez me ha picado una hormiga y una vez también una abeja, pero ahora la abeja no importa porque estamos platicando de hormigas.

Yo conozco a otros niños que también les gustan las hormigas y juegan con ellas. Las levantan de la tierra y se las pasean en las manos y en los brazos, pero no me gusta cuando las matan ni cuando se las comen, aunque un niño más chiquito que yo, porque tiene cuatro y yo cinco, dice que saben a limón pero yo creo que las hormigas no tienen la culpa y no son para comerse y si alguien tiene hambre debe comer otra cosa que no sean hormigas.

Lo que sí tengo que hacer después de jugar con las hormigas es lavarme muy bien las manos con agua y con jabón porque las hormigas tienen bichitos más chiquitos que ellas, que no se pueden ver y que se esconden en las uñas y luego brincan a la comida. Y si yo me los como pueden hacerme enfermar y me duele la panza y yo no quiero que me duela aunque no tenga que hacer la tarea.


II.
Quisiera no haber crecido. He dejado de ver hormigas y hasta ridículo me parece estar hablando ahora de ellas.

Hoy, tengo veinticinco y otros asuntos que atender. No tengo tiempo para verlas y aunque tuviera no lo haría porque ya no me interesan. Hoy ya no me pierdo en pequeñeces tan mágicas como una simple y estúpida hormiga y los jardines ya no me parecen tan grandes. Hace años que no me subo a un árbol y que no sigo a una con la mirada. ¡Y cuánto trabajo me cuesta tener tierra en las uñas!

Aunque a veces, creo que todavía soy una niña. Lo soy: el recuerdo de una picadura hoy logró una sonrisa. Quizá la próxima vez que vea una hormiga, ya no pueda contenerme la nostalgia.

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